Consecuencias de la inseguridad en la calles 

Cada uno de nosotros se siente atemorizado de las noticias que nos enteramos a través de los medios de comunicación. En ellas podemos darnos cuenta de historias terriblemente violentas que ocurren en las calles de nuestro estado. Aquello que sólo percibíamos de forma lejana en poblaciones o circunstancias que nada tenía que ver con nuestra manera de vivir y que parecía increíble se suscitaran en nuestra comunidad.
Desafortunadamente hoy en día, al salir de nuestros hogares no sabemos realmente si podremos regresar a salvo, si pereceremos en algún tiroteo cruzado, seremos “levantados” por secuestro o por una “equivocación”, o seremos víctimas de las llamadas amenazantes para extorsionar tanto a gente importante como al ciudadano común.
La pregunta es: ¿cómo podemos sentirnos seguros si los miembros de las instituciones encargadas de preservar el orden público son las primeras en ser laceradas o, en el peor de los casos, vinculadas con actos de delincuencia?
No sabemos a ciencia cierta si estos funcionarios caídos combatían valientemente a la delincuencia oponiéndose a los intereses de poder de estos grupos o sólo eran uno más de los lacayos de dichas organizaciones que no obedecieron fehacientemente las órdenes de los capos.
Los daños ocasionados a la sociedad y a sus instituciones son variables, dado que la confianza que se tiene en estas últimas va disminuyendo rápidamente o bien ante nuestros ojos se percibe que no es posible controlar tanta violencia y capturar a los delincuentes, por lo que sentimientos de soledad, abandono, frustración e impotencia aumentan día a día, el miedo generado por la incapacidad de protegernos a nosotros mismos y a nuestras familias obliga a un sufrimiento cotidiano que genera condiciones adversas en nuestra salud física y mental.

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